"Fue una suerte. La historia de Casa Paulino comienza
en los años cincuenta de la mano de Paca y Paulino, mis suegros.
Una historia de amor, esfuerzo y alegría. Un golpe de suerte, un
décimo de lotería premiado los empujó a cumplir su
sueño, el de estar juntos y montar un pequeño negocio donde
ofrecer al cliente una comida honesta y un servicio familiar pero impecable.
Así se crio mi marido, el segundo Paulino y allí aprendió el
misterio de los fogones y la vocación de servir. Con él se
modernizó y amplió el negocio abriendo Paulino de Quevedo,
pero ni los estudios ni los viajes al extranjero hicieron cambiar la esencia
de su origen, la del gusto por ofrecer al cliente momentos de felicidad."
(Extraído de su página web.)
Fundado en:
2003
Jefe de cocina:
Paulino José Ramos Rincón
Este restaurante es el segundo de la
familia de Paulino. En el primero, "Casa Paulino", estuvo el
Club del Tragón en junio de 1992, en la cena número 29.
Precio medio estimado por persona en
la fecha de la cena 40 €.
COMENTARIOS:
Nombre: Paulino de Quevedo. Paulino es el nombre del
dueño y de su padre, el fundador de "Casa Paulino".
La denominación,
por una parte hace referencia a sus orígenes y por otra identifica
la zona
donde
está ubicado, cerca de la glorieta de Quevedo.
Carta en
la web: Si, con precios y sin fotografías.
Carta de vinos
en la web: Si, con precios.
Las cañas: Las tomamos en la barra del
restaurante. Fueron seis. Nos pusieron de tapa unas aceitunas y
una especie de bolitas de queso pinchadas en palillos.
Local: Está situado cerca de la plaza de
Olavide, en una calle estrecha. La fachada está pintada de
en color crema con
un zócalo de piedra gris a media altura. A la izquierda de
la entrada hay un portón con cristalera, a la derecha una
ventana. Todos ellos de
madera, de estilo antiguo y haciendo juego con el portal del edificio.
Encima, sobre fondo de madera y flanqueado por sendos sietes, el
orden del local en la calle, sobresale el nombre del restaurante.
Se entra directamente al bar, un espacio amplio con mesas
altas y taburetes
aptos para
el tapeo. La barra, serpenteante y larga ocupa parte del lateral
derecho y el frente y está decorada con una franja de trozos
multicolores de azulejos. Las paredes que dan a la calle son de
ladrillo visto y muestran en su parte baja el zócalo de piedra,
la del lateral izquierdo azul añil, y las de la barra blancas.
Al fondo
a la izquierda
hay un pasillo por el que se accede al comedor. Es enorme y se corresponde
con el patio de lo que fue un taller, quizás de ahí los
colores azules, tipo mono, de algunos lienzos, taburetes y la propia
tarjeta del
local. A la izquierda se encuentra la vinoteca, delimitada por paredes
de cristal. Mirando hacia arriba se aprecia la forma del tejado a
dos aguas,
forrado
interiormente
de
madera
y con
grandes
ventanales
de
cristales blancos que, al ser de noche, no sabría decir si
son reales, para dejar pasar la luz del día, o simulados. Destacan
las columnas y travesaños de madera que le dan un aspecto
rustico de casona. Las paredes siguen
la misma tónica que en el bar, ladrillo visto, blancas y mezcla,
dejando la azul solo en el friso. Un par de cuadros visten la
pared del fondo. Un zócalo moderno de madera, a media altura, se
extiende en las paredes pintadas. El suelo, ajedrezado, con baldosas
grandes de terrazo en diagonal. La iluminación, indirecta,
algo escasa para la comida. Las mesas, rectangulares y redondas llevan
un tapete
rojo, a juego con la camisa de los camareros. Los manteles y servilletas
blancos. Las sillas modernas, la mayoría con respaldo de madera
y asiento
acolchado color beige. La vajilla moderna de loza blanca, algunos
platos con el nombre de Paulino en rojo y líneas decorativas.
Copas para vino y vasos, de color rojo, para el agua. Nos situaron
en la mesa de la esquina, al fondo a la izquierda.
Comensales: Siete,
seis del club: Antonio
de la Poza, Antonio Arnáiz,
Raúl, Carlos, Justo y Antonio Ávila.
Acompañantes: Sabino,
que no estaba con nosotros desde julio de 2010.
Menú Degustación: Nos convenció el menú
degustación de Otoño que presentaba el restaurante por 35 €, I.V.A incluido.
El menú constaba de: Crema de boletus con foie caramelizado. Queso a
la plancha envuelto en pimentón y nueces garrapiñadas con bouquet de
lechuga y gelatina de miel. Filetes de lenguado, rellenos de algas y
gambas, en papillote. Pierna de lechal a la miel con batata asada. Queso
de burgos con compota de membrillo y piña, con helado de nueces. Café.
Pan: Lo
sirvieron tarde. Podías elegir entre varios tipos: de maíz con pasas,
blanco, multicereales, etc .... Buenos.
Primeros: Ya
que el queso no es plato de buen gusto para Raúl, le solicitamos
al chef que lo sustituyera por otra cosa. Amablemente nos sugirió una
ensalada de otoño con perdiz escabechada y granada.
Crema de boletus con foie caramelizado: La
sirven en plato hondo, blanco. La crema permanece en el fondo y sobre
ella se aprecian unos trozos de foie y aceite. La crema
está buena, aunque sabe más a verduras que a boletus. El foie
bueno también.
Ensalada de otoño con perdiz escabechada y granada: Se
presenta en un plato llano. La lechuga hace de cama y sobre
ella, desmenuzada, la perdiz. Se adorna, dándole color, con unos granos
de
granada. Muy buena, buenísima, sobre todo la perdiz. La granada
le da un toque de frescor.
Queso a la plancha envuelto en pimentón y nueces garrapiñadas
con bouquet de lechuga y gelatina de miel: Lo traen en
un plato llano. El queso, de cabra, viene cortado en una rodaja,
en la cara superior lleva el pimentón y las nueces garrapiñadas
cortadas en trozos minúsculos. Decorando el plato algo de lechuga
con un tomatito
sherry cortado a la mitad y dos daditos de gelatina de miel. El queso
estaba bien, para alguno buenísimo. La gelatina muy
buena.
Segundos: Faltaba
un plato de lenguado y fue sustituido por otro de bacalao.
Filetes de lenguado, rellenos de algas y gambas, en papillote: Se
sirve en un plato en forma de fuente. Consiste en un lomo de lenguado,
doblado trasversalmente para contener en su interior algas y gambas.
Se moja por encima con una salsa. Un espárrago verde, colocado
perpendicularmente al pescado, adorna el plato. Se nota el sabor de
las algas. El lenguado
entre bien y aceptable, la salsa buena.
Bacalao confitado con pilpil de pimientos de piquillo y verduras
crujientes: Se
presenta en plato llano. Sobre dos salsas, pilpil y de pimientos de
piquillo, se coloca el trozo de bacalao confitado. A un lado un pimiento
de piquillo y al otro unas verduras fritas cortadas en finas tiras.
Muy bueno.
Pierna de lechal
a la miel con batata asada. Se
sirve en un plato individual en forma de fuente. Es una pequeña
porción
de cordero bañada en salsa. Completa el plato dos trozos de
batata asada. El cordero muy bueno, bien conseguido, a unos le pareció exquisito
y a otros, a pesar de la salsa, algo seco y fuerte debido a la reducción
de la salsa con la miel. La batata, dulce, lo complementa.
Postres: Inicialmente
estaba incluido un queso de burgos con compota pero, debido al queso,
el chef nos dio a elegir entre peras al vino con helado e higos con chocolate.
Peras al
vino con helado. En un plato llano se presentan tres mitades
de pera, en forma de trébol, bañadas con el jarabe de
vino y con una bola de helado en el centro. Las peras muy buenas al
igual que el helado.
Higos con chocolate:
Se sirve en un plato llano. Son dos higos, cortados por la mitad y bañados
por chocolate negro. Por encima llevan trocitos de almendra picada y en
el centro una bola de helado. La capa de chocolate está solidificada.
Los higos aceptables. El chocolate y el helado buenos.
Cafés: Se
tomaron cuatro cafés, de ellos tres cortados y uno con leche,
y tres infusiones de menta-poleo.
Vino:
Luna de Beberide: Vino
tinto de 2009,
está elaborado
con uva Mencia, con denominación de origen
Bierzo, de las bodegas Finca la cuesta (www.lunabeberide.es).
Pedimos una botella a 14,50 € . El precio de
una botella en la calle es de unos 8,00 €.
Tilenus: Vino tinto de
2006, crianza, elaborado
con uva Mencia, con denominación de origen Bierzo, de las bodegas
Estefania del Bierzo (www.bodegasestefania.es).
Nos tomamos una botella a 19,00 €. El precio de
una botella en la calle es de unos 12,25 €.
Copas: Invitaron
a chupitos.
Porcentajes: Del
total del precio en factura de la cena, el 3,7%, corresponde a caña.
Sin incluirlas,
el 85,7% corresponde a comida y el 14,3% a bebida.
Servicio: Desbordado. Tardan en atendernos. Una vez
pedida la comanda hay también retraso. Se olvidan de poner pan hasta
que lo pedimos. Al estar la mesa junto a la pared y no poder acceder
por detrás a colocar los cubiertos, en vez de hacerlo desde enfrente,
el camarero te da directamente los cubiertos y a veces el plato.
Pedimos agua, la traen sin abrir y se van. Una vez comenzada la cena
hay continuidad
hasta los postres.
La carta y la factura: La carta y la factura contienen
los precios con el I.V.A incluido. La factura no contiene
errores.
Comentario
final: Local amplio con decoración rustica
en el salón, no suficientemente iluminada nuestra mesa que,
estando junto a la pared impide el buen servicio de los camareros.
Mesas adecuadamente separadas entre ellas. Platos bien elaborados
y presentados con comida de calidad. Servicio escaso, lo que provoca
muchos retrasos. Menú de degustación satisfactorio.
El aforo, a pesar de ser grande el local, estaba casi completo.
Notas: Las
puntuaciones y comentarios que se expresan en esta web son referentes
a las cenas y
a las circunstancias concretas que concurren en cada una de ellas.
No se juzga ni puntúa al restaurante.