"En Lúa Manuel Domínguez y Pedro Espinosa
elaboran un menú degustación que varía en función
del mercado y sigue el ritmo natural de las estaciones, con la vacación
de ofrecer una oferta rica, variada y equilibrada.
En Lúa hemos buscado inspiración en las recetas tradicionales de
nuestras madres y abuelas para evolucionar hasta una cocina propia, de vanguardia.
Una nueva cocina de mercado que mima todo el proceso creativo, desde la selección
diaria de los mejores ingredientes hasta una exquisita puesta en escena. Todo
ello en torno a la idea esencial de Lúa: El placer de la buena mesa se
disfruta con los cinco sentidos."
(Extraído de su página web)
Fundado en:
2005
Chefs:
Manuel Domínguez y Pedro Espinosa
El precio medio estimado por persona
en la fecha de la cena es de 40 €
COMENTARIOS:
Entorno: En la zona de Chamberí. Difícil
aparcamiento aunque hay un parking público cercano.
Las cañas: Las tomamos en
un bar en la misma calle llamado, curiosamente, las tres lunas.
De aperitivo pusieron aceitunas, patatas fritas y un variado
de frutos secos.
Nombre: El
nombre, Lúa, viene del gallego, y significa luna. Se lo puso su
dueño, según confesó en el programa de Radio Exterior
de España, Paisajes y sabores, emitido el 7/7/2011 y en el que
decía: "La luna nos mueve un poquito a todos, ... es un nombre
corto, fácil de recordar, ... a los gallegos (la luna) nos ha
influenciado mucho."
Carta en la
web: No. Indica simplemente en que consiste el Menú Lúa.
Tres aperitivos, dos entrantes,
pescado, carne, prepostre, postre ypetit fours.
Precio 60 € IVA incluido
Carta de vinos
en la web: No tiene.
Local: Ocupa dos plantas. Se accede
directamente desde la calle tras subir varios escalones. La puerta
de entrada, de madera rústica, se halla a la izquierda, ensamblada
en el cristal, que a la vez que la sustenta, hace de tabique transparente.
De frente está el comedor principal, a la derecha, la cocina
y a la vuelta, las escaleras que bajan a un segundo salón
y a los servicios. La decoración mezcla elementos modernos
con evocaciones al pasado. En el suelo, de tarima, sobresalen equidistantes
los basales de granito donde se apoyan unas amplias columnas de madera
que se pierden en el techo. Las paredes son blancas al igual que
la cubierta y los postigos de las ventanas que dan a la calle. El
color marrón, en diversos tonos, predomina y forma parte de
las cortinas, el cuero de las sillas, el ornamento de la pared del
fondo a base de piel de potro y los diversos muebles. Las mesas están
cubiertas de blanco con bajo manteles grises. La iluminación,
correcta, se consigue a través de luces directas e indirectas
situadas en suelo, paredes, techo y muebles. Entre el lugar destinado
a los fogones y las escaleras que conducen abajo, queda un espacio
que se aprovecha para colocar una mesa adicional. No es un reservado,
ya que está integrado en el salón, pero está apartado.
A demás, la mesa es diferente, de cocina de pueblo, de madera,
con las patas y el armazón pintados de blanco. No está vestida
con ningún mantel, quizás para resaltar su superficie.
Fue aquí donde cenamos. Las sillas, con amplio respaldo están
tapizadas en piel. La vajilla, moderna, formada por platos llanos,
hondos y fuentes, todos blancos y con formas redondas o rectangulares
según necesidad. Para el pan se usa un plato de color negro.
También se utiliza recipientes específicos con algunos
alimentos. Copas de pié alto y diferente tamaño para
los vinos blancos o tintos. Sin pie para el agua. Las servilletas
blancas. Cubiertos sencillos, salvo la faca para el venado, que era
innecesaria.
Comensales: Seis,
Antonio de la Poza, Carlitos, Antonio Arnáiz, Raúl, Justo
y Antonio Ávila.
La cena:
No hay carta. El restaurante
sólo sirve
el menú degustación que consiste en un aperitivo y cinco
platos. No incluye ni el pan, 3,00 €, ni la bebida. Cada menú sale
como mínimo a 49,00 €.
Pan: El
pan lo van ofreciendo a lo largo de la cena. Hay una gran diversidad
entre ellos: de naranja, de centeno, de pasas, de maíz, blanco,
de cereales, etc ... Muy buenos en general.
Aperitivo: Lo
sirven en un recipiente rectangular con cuatro cavidades. Tres de ellas
contenían patatas a la inglesa, almendras fritas y aceitunas,
la última, vacía, para dejar los huesos de las olivas.
Casi testimonial, hubo que pedir más para poder degustarlo. Los
sabores diferentes a los clásicos, destacan las almendras con
un toque anisado. El aperitivo junto con el pan lo cobran a 3,00 € por
persona.
Menú degustación: Esta
compuesto por un aperitivo, dos primeros, dos segundos y un postre. El
menú suele cambiarse cada siete o diez días. En esta ocasión
está compuesto por: Falso irlandés de lentejas y boletus.
Ensalada templada de gamba roja y pez mantequilla con mahonesa de Albariño
caramelizada. Sopa de ajo, yema de huevo escalfada y palomitas de arroz
rojo. Merluza al vapor sobre crudité de verduras y sopa de maíz
bañado en praliné de cacahuete. Albóndigas de venado
en tempura y reducción de teriyaki sobre puré de nabo.
Crema de queso San Simón, sopa de violetas, y crujiente de miel.
Entrante:
Falso irlandés de lentejas y boletus. Se presenta
en una copa especial, caliente, como si de un café irlandés
se tratase, pero, en realidad la infusión con güisqui se
sustituye por un puré líquido de lentejas y la nata se
torna en una suave espuma de boletus. El recipiente tiene forma semiesférica
en su parte baja y troncocónica en la superior, conteniendo
cada una de ellas uno de los componentes del aperitivo. Muy conseguido,
tanto culinaria como visualmente.
Primeros:
Ensalada templada
de gamba roja y pez mantequilla con mahonesa de Albariño caramelizada. Lo
sirven sobre una lámina de pizarra. Excelente presentación.
El pescado, cortado finamente en forma de rectángulo, se cubre
con una delgada capa de limón y sobre ella la mahonesa. Está semicrudo
y frío. El cítrico le proporciona un sabor agradable
a la vez que fuerte. Buenísimo. La gamba, a la plancha, está seccionada
por la cabeza. Mientras esta se conserva caliente, el cuerpo, pelado,
está frio. Buenísimos. Excelente calidad. Nota: El pez
Mantequilla es un pescado que se utiliza mucho en Japón para
preparar sushi.
Sopa de ajo,
yema de huevo escalfada y palomitas de arroz rojo. Viene en
un recipiente de hierro fundido esmaltado de la marca francesa STAUB,
que mantiene las propiedades caloríficas que requiere la sopa.
En su interior se muestra el caldo sobre el que flotan los granos de
arroz rojos inflados. En el fondo reposa la yema de huevo sin deshacerse.
Tras disolverla, el resultado es más cremoso. Sopa curiosa aunque
en nada se parece a las típicas del mismo nombre. Para mi, lo
menos destacado de la cena.
Segundos:
Merluza al vapor sobre crudité de verduras y sopa de
maíz bañado en praliné de cacahuete. Se
presentan, en un plato hondo, las verduras cortadas en trocitos. Sobre
ellas una pequeña porción de merluza y todo regado por
la salsa. El pescado muy bueno pero queda enmascarado por el crudité.
Riquísimo. Nota: Crudité es una ensalada de hortalizas
crudas típica de Francia.
Albóndigas
de venado en tempura y reducción de teriyaki sobre puré de
nabo. Se sirve en un plato semejante al anterior. Son cuatro,
de pequeño tamaño y bañadas en salsa. Están
muy buenas con un toque algo picante. El puré también
bueno.
Postres:
Crema de queso
San Simón, sopa de violetas, y crujiente de miel. Se
presenta en un plato o fuente rectangular con un hueco descentrado
donde se sitúa la crema en forma de bola. Sobre ella, incrustado,
el crujiente y en el fondo el caldo de flores. La textura del queso,
cremosa a la vez que consistente, le permite mantener la forma dada
en la presentación. El sabor del lácteo, ahumado, muy
bueno. El crujiente, agradable. La sopa de violetas es como agua gelatinosa
y está bien conseguida.
Ensalada
de frutas. Se trajo un postre especial, sin queso, para Raúl.
Consistía en una ensalada de varias frutas cortadas en diferentes
tamaños y presentada sobre una bandeja rectangular.
Cafés
e infusiones: Tomamos tres cafés y tres infusiones.
Se acompaña con un par de fuentes, cada una de ellas con tres
compartimentos, el primero con tres trufas de chocolate, el segundo
con tres galletitas de mantequilla y el último con una especie
de gominolas de fruta escarchada bañadas en chocolate y de
apariencia brillante. Cada bebida a 2,80 €.
Vinos: Se
aplica una nueva forma de cobrar las botellas de vino. Lo llaman descorche
y consiste en cobrarte, por abrir la primera botella de vino, una cantidad
fija por comensal. En este caso 5,50 €. Luego cobran cada botella
de vino a precio de coste.
Fefiñanes
2010: Vino blanco Albariño con D. O. Rías Bajas,
de las bodegas Palacio de Fefiñanes (www.fefinanes.com).
Se pidieron tres botellas a 14,00 € cada una. Estaba buenísimo.
Lo sirvieron a una temperatura adecuada, bien frio. En la calle se
vende sobre unos 11,15 €.
Predicador crianza 2009: Vino
tinto con D. O. Rioja, de las bodegas Contador, de Benjamín Romeo.
Vino fuerte, con cuerpo. Se pidió una botella a 17,00 €.
En la calle se vende sobre unos 19,50 €.
Copas: Se
pidieron dos y un chupito, siendo invitados por la casa.
Servicio: Correcto y amable. Se nos aconsejó adecuadamente
sobre el vino. Alfinal de la cena se interesó el Chef por el resultado
de la comida.
Porcentajes: Del
total del precio en factura de la cena, sin incluir las cañas,
el 73,5% corresponde a comida y el 26,5% a bebida.
La factura: El
I.V.A, 8%, se incluye en los precios del menú.
Comentario final: Local bien decorado e iluminado.
Mesa adecuada para los seis comensales, aunque, pequeña si llegamos
a ser siete como era lo previsto. Platos muy bien presentados, originales
y de buena calidad. Exquisitos en general. A pesar de ser cinco platos,
el contenido de cada uno de ellos fue algo escaso. El pan, muy bueno
y variado, mitigó esta carestía.
Notas: Las
puntuaciones y comentarios que se expresan en esta web son referentes
a las cenas y
a las circunstancias concretas que concurren en cada una de ellas.
No se juzga ni puntúa al restaurante.